Colección Deltas

Como decía Paul Klee todo arte es un remoto recordar: cosas oscuras, inmemoriales, cuyos fragmentos perduran escondidos en el alma del artista.

En el pasado no tan remoto de Kiko Camacho están los caudalosos ríos argentinos que él supo navegar remo en mano, las infinitas islas del delta del río Paraná trazando un inextricable laberinto en el que supo perderse y reencontrarse en un tiempo que hoy sigue vive en su memoria.

No nos extrañe entonces que esos oscuros fragmentos que perduran en su alma se nos presenten en el dibujo de sus pinturas y nos sorprendan con la misma intensidad con que se fijaron en su retina hace tiempo.

Estamos frente a una serie de grandes telas impregnadas por unos colores ágiles, saltarines, que no dejan de moverse en el espacio para deleite de una mirada libre que se deja fascinar por el gran espectáculo fluvial que impacta en su imaginación. Colores que son también una música armónica, y que son los que crean la luz del cuadro.

Aunque enmarcadas en la abstracción de sus pinturas nos sugieren paisajes vistos a vuelo de pájaro de grandes extensiones de tierra surcadas por ríos, tatuadas por la vegetación y el agua. Para el espectador es un mundo desconocido y excitante, pero Camacho se reconoce en esas enredadas e imponentes superficies que transita sin titubear y nos ofrece con entusiasmo.

Ver una realidad tatuada por la imaginación desde las alturas, un mundo fluvial que no cesa de transformarse, una realidad “líquida” en el sentido que dio a la palabra el gran Zigmund Bauman, ver una realidad cambiante que nos aleja del mundo sólido e inamovible del pasado. Es una transformación del concepto tradicional de paisaje que conlleva una gran originalidad y da un giro radical en la mirada.

Los paisajes a vuelo de pájaro de Kico Camacho

Marcos-Ricardo Bartanán

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“Mirar el río hecho de tiempo y agua y recordar que el tiempo es otro río, saber que nos perdemos como el río. Y que los rostros pasan como el agua”

—Borges